La espiritualidad vs nuestra vida física.
Estas notas las escribo desde un lugar de conciencia plena, un concepto que viene apareciendo en mí con frecuencia. ¿Qué es estar en conciencia plena? En primer lugar, ¿es un concepto? No, es un estado de conciencia; es poder estar presente en este momento, maravilloso como es. Puede que no te sientas del todo bien; puede que quieras otras cosas en tu vida ahora mismo, pero si estás en estado de conciencia plena, te darás cuenta de que, a pesar de esto, es maravilloso así como es. Se trata de aceptarlo, reconocer sus luces y sus sombras, dejar que se acomode, que decante, y permitir que la vida te sorprenda. Es la puerta que se abre cuando estás en ese estado; sabrás que estás en él cuando te sientas bien, no desde la mente, sino desde todo tu ser, aunque las cosas en tu vida ahora no te conformen.
Te puedes preguntar: ¿para qué me sirve esto? Sirve para ser consciente del poder que tienes. No se trata de estar todo el día meditando ni rezando; se trata de permitir que la vida te sorprenda cuando, desde este lugar, comienzan a cambiar las cosas. Porque desde aquí puedes escuchar la necesidad que tiene tu alma de transitar hacia algún cambio, observarlo desde todo tu ser y decir: «Sí, me permito ir hacia él desde el amor y la transformación, transitando este camino con placer y alegría».
No existe contradicción entre el mundo físico y el mundo espiritual: nuestro cuerpo es la conexión, por eso la espiritualidad es todo lo que somos y hacemos. Desde un lugar de conciencia, quiero rendir homenaje a nuestra propia creación. Por eso, la conciencia plena te invita a observar el holograma de lo que has creado y a mirarlo con asombro y discernimiento: asumir tu creación y, desde allí, en total conciencia de quién eres, traer lo que quieres vivir.